Testimonio Ingrid

Durante gran parte del trayecto de vida recorrido a la fecha estuve convencida de que la fuerza que me movía radicaba fundamentalmente en mi razón, y mi afán consistió entonces en tratar de “entender” por qué me costaba tanto expresar mis afectos, por qué se me hacía tan difícil exponerme, mostrarme frente a los otros. Busqué incansablemente respuestas racionales a algo que, según fui descubriendo con el tiempo  y haciendo plenamente consciente gracias al SAT, trascendía por completo su dominio.

El SAT  ha sido maravilloso en varios sentidos diversos:

En primer lugar me permitió confirmar que la ruta escogida hace ya varios años es la  senda correcta en el camino de búsqueda para la revelación y comprensión más profunda de mí misma, de mi ser verdadero.

En segundo lugar y quizás lo más importante, me ví y me acepté como un ser que funciona total y absolutamente desde las emociones y que lejos de ser “pura cabeza”, la “inteligencia racional” sólo ha sido un escudo, una armadura que me ha permitido defenderme del mundo que, en algún momento de mi viaje por la vida, se tornó amenazante.

El espacio SAT, en cambio, fue para mí un espacio cálido, acogedor, libre de  amenazas, no demandante pues no debí  probar nada a nadie ni jugar rol alguno. Fue un espacio que hizo mágicamente posible que me pusiera en mí y desde allí, en el encuentro con todos esos “otros iguales” me permitiera mostrar toda mi emotividad y mi amorosa naturaleza, sin pudores, sin miedos ni vergüenzas.

Ese encuentro verdadero, transparente y desprejuiciado de almas desnudas en cada “aquí y ahora” a través de la mirada, la palabra justa y el abrazo cálido son la cimiente que hace posible “el viaje sin retorno” -según palabras de Marta- hacia las profundidades de nuestro ser. Viaje que recién comienza y que nos impone grandes exigencias de las que debemos hacernos cargo porque debemos mostrar a los que aún no saben, que un mundo mejor es posible.

No puedo sentir más que agradecimientos por haber sido parte de ese momento y lugar mágicos que han hecho posible ir reencontrándome y recuperándome, lo que a su vez, me ha permitido en lo profesional, ir recobrando la mirada -(perdida)-  y, desatendiendo lo convencionalmente importante, poner el acento en lo verdaderamente importante: propiciar espacios de encuentro y expansión de niños y jóvenes consigo mismos.

Ingrid Feuerhake Caro
Profesora de Filosofía y Orientadora Educacional, Talca.

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